
El 22 de abril de cada año se celebra el Día Mundial de la Tierra como forma de acentuar la importancia de la conservación de los recursos naturales del mundo. Ello nos llama a la reflexión sobre los problemas ambientales y la necesidad de la protección de la más mínima materia constituyente de nuestro planeta, traducidos en los cuerpos de agua, aire y suelo, así como de enfrentar a la irrazonable destrucción de los ecosistemas, a las miles de plantas y especies exterminadas por acciones antropogénicas, al agotamiento de los recursos no renovables, y la contaminación permanente de los renovables que, a la distancia menor o mayor, afecta nuestra salud y acorta notablemente nuestras esperanzas de vida.
En tal sentido, este día es una gran oportunidad para tomar conciencia en torno a potenciar los impactos positivos y a minimizar los negativos en trono a los modelos de ejecución y producción consumista irresponsable y sin medida, y que nos conlleve a un compromiso conjunto entre funcionarios, servidores, autoridades, actores comunales y sociales con el propósito de menguar la destrucción mundial, en pro de un giro positivo rumbo.
Reflexionemos: La tierra es nuestro hogar, pues no hay otro igual, es el único en su género en todo sistema planetario y el universo. Es de todos los seres vivos que la habitamos, tanto presentes como futuros; su cuidado, protección, conservación y uso racional está en nuestras manos, es tiempo de meditar y actuar correctamente en el marco de un verdadero Desarrollo Sostenible, que no es otra cosa que producir, consumir, accionar hoy, pensando, dejando y/o reservando lo que le corresponde a las generaciones futuras, es decir de nuestros propios hijos y de los hijos de nuestros hijos, esta es nuestra real y concreta herencia sublime y responsable para ellos.





